Sorpresa desde Venezuela

Siempre nos gusta recibir sorpresas y ayer yo la tuve  con un  precioso detalle que me envió  Genny . Genny ha sido una de mis primeras amigas bloggeras; con ella hice mi primer SAL y eso te marca. Cómo ella dice en su blog , le encanta ser bloggera porque se crean amistades desde muchas partes del mundo.  Amistades desinteresadas que valen muchas veces más que las que tienes a la vuelta de la esquina.

Genny, gracias por la bolsa y los hilos. El chocolate estaba RIQUÍSIMO (al final lo tuve que compartir 😡 )

Spaguettis a la Carbonara

320 gramos de spaguettis o tallarines
150 gramos de panceta curada en trocitos,no ahumada
4 huevos grandes batidos
50 gramos de aceite virgen extra.
100 gramos de queso parmesano rallado, si no se encuentra sustituir por queso de oveja curado rallado.
10 gramos de pimienta negra molida.

Cortar en trocitos el bacon o panceta y freír en una sartén con un poco de aceite de oliva. Cocinar 5 minutos a fuego lento.
En una ensaladera pequeña batir los huevos con la pimienta molida.
Cocinar la pasta como siempre «al dente» (leer los minutos en el paquete).
Escurrir la pasta y ponerla en la sartén, cocinar 5 minutos a fuego lento, mezclando muy bien.
Quitar del fuego y añadir los huevos batidos y el queso rallado y mezclar muy bien hasta que se forme una cremita.
Comer caliente .

La Carbonara es una salsa empleada en los platos de pasta, generalmente spaghetti o cualquier pasta larga, tradicional de la cocina italiana que se puede ver a menudo en la ciudad de Roma. La receta original romana emplea sólo como ingredientes:  huevos, pimienta negra y manteca de cerdo;  para ligar la salsa: o bien aceite de oliva o mantequilla. El empleo de beicon no aparece en la receta original y se cree que fue introducido en Roma cerca del año 1944 por las tropas aliadas tras la Segunda Guerra mundial.

La crema o nata no es un ingrediente original de esta salsa al igual que la cebolla, y no se emplea con la pasta en Italia central.

Rose needlebook

Ya os he comentado lo mucho que me gustan los diseños de Niky y este es su Rose needlebook, teñido con café y horneado unos minutos para fijar mejor el color, tal y como ella indica para dar un acabado antiguo a este pequeño guarda agujas.

TUSAL febrero

Como esta noche hay luna nueva  he de mostrar para el TUSAL de It´s Daffycat cómo se va llenando mi recipiente con los recortes de hilos .

Cajas de madera

Paseando por el barrio gótico he descubierto una corseteria que cierra por jubilación. Cómo en el escaparate tenían  puntillas hechas con bolilllos sin pensarlo he entrado en ella. Pero una vez dentro y al hablar con la dueña , nieta del fundador de la tienda que data de 1895, me ha comentado que tenía cajas de madera antiguas ¡antiguas! y  me he quedado con dos . Necesitan una ligera restauración ya que están bastante bien conservadas. (Ya os enseñaré cómo quedan)

Además de las cajas también compré hilos de carrete de madera y medidos en yardas…

…  curiosidades como unas hebillas para sujetar las ligas de los años 30…

… y por supuesto,  las puntillas.

Es una lástima que estas tiendas centenarias vayan desapareciendo. La historia de la ciudad muere también un poco con ellas.

7º objetivo SAL Fresh Herbs

Buena compañía

En el pasado, los champiñones y otras muchas setas estaban estrechamente vinculados con lo sobrenatural y todavía hoy su conexión con el lado misterioso de la vida no ha desaparecido del todo. Los anillos de hada (grupos de champiñones en forma de círculo) aparecen inexplicablemente de la noche a la mañana en muchos campos y bosques, y según las leyendas las tormentas son un buen augurio para una espléndida cosecha de champiñones. Muchas clases de setas y hongos son o bien tóxicas y venenosas o bien alucinógenas, y en el pasado su veneno se destilaba y era destinado a toda clase de siniestros propósitos.

Los jeroglíficos egipcios contienen leyendas en las que se les atribuía la inmortalidad y los faraones, fascinados por su sabor, prohibieron que los tocaran los plebeyos. La creencia de que prolongaban la vida y que eran afrodisíacos llegó a extenderse tanto que Julio César emitió un decreto prohibiendo que las tropas los consumieran. Después se conviertieron en símbolo de distinción social: los epicúreos romanos y las realezas francesa e inglesa sólo permitían que se sirviesen en las cortes y los palacios. Otras civilizaciones los emplearon en rituales religiosos: México, Centroamérica, China, Siberia, Grecia y Rusia, seguras de que les confería la capacidad de hallar objetos y personas perdidas, curar enfermos, tener una fuerza sobrenatural y establecer contactos con los dioses.

Seguramente el hombre procuró cultivarlos desde tiempos remotos. Los primeros registros proceden de China y Japón, donde se estima que el shiitake (Lentinus edodes) se cultivaba por lo menos desde hace unos 800 años, de forma muy rústica . En Europa se cultiva el champiñón desde hace unos tres siglos.

Tienen un bajo contenido calórico y constituyen una buena fuente de vitaminas y minerales, así como de sustancias con acción antioxidante.


Champiñones rellenos

12 champiñones grandes
2 diente de ajo
1 cebolleta fresca
25 gramos de jamón serrano
1 pizca de perejil
4 cucharadas de vino blanco
4 cucharadas de aceite de oliva
queso parmesano
sal

Limpiamos los champiñones, separando el sombrero del tallo. Reservamos los sombreros cortando finamente los tallos.
Cortamos en brounoisse (en cuadradito muy fino) la cebolleta, el ajo y el perejil.
Rehogamos la cebolleta y el ajo en una sartén con aceite de oliva; cuando esté pochada añadimos los tallos de los champiñones troceados y dejamos que se cocinen hasta que se ablanden.
A continuación, añadimos el jamón troceado en daditos y dejamos al fuego unos segundos.
Por último, añadimos las cuatro cucharadas de vino y el perejil picado, rectificamos de sal y retiramos del fuego.

En otra sartén ponemos un poco de aceite de oliva y asamos los sombreros , por ambos lados durante unos minutos.

Rellenamos con el  salteado los sombreros , los ponemos en una bandeja que pueda ir al horno, espolvoreamos un poco de queso parmesano y los gratinamos.


Historia de la plancha

Los orígenes de la plancha son remotos. En el siglo IV a.C., los griegos usaban una barra de hierro cilíndrica calentada, similar a un rodillo de amasar, que se pasaba sobre las ropas de lino para marcar los pliegues. Dos siglos más tarde, los romanos ya planchaban y plisaban con un mazo plano, metálico, que literalmente martilleaba las arrugas. Con estos dispositivos, el planchado era algo más que una tarea prolongada y aburrida. Era un trabajo  que hacían los esclavos.

Se sabe que la utilizaron los chinos en el siglo IV para alisar la seda. Se trataba de unos recipientes de latón con mango, en el interior de los cuales se colocaba una cantidad de brasas con cuyo calor se quitaba las arrugas del tejido.
En algunas estampas chinas del siglo IV ya se ven algunos artefactos en forma de plancha. Hubo  planchas de piedra, de mármol, de vidrio, huecas que llevaban carbón encendido en su interior y de metal que se calentaban en un fogón.

plancha antigua china

Incluso los belicosos vikingos del siglo X apreciaban las prendas sin  arrugas, a menudo plisadas. Empleaban una pieza de hierro en forma de hongo invertido, que movían adelante y atrás sobre la tela húmeda. Los historiadores de la moda aseguran que la dificultad de formar los pliegues servía para establecer la distinción entre las clases altas y bajas en materia de indumentaria. Los campesinos no tenían tiempo para planchar con tanto esmero, y los pliegues eran un signo externo de que se contaba con esclavos o sirvientes.

En Europa, las primeras planchas fueron alisadores de madera, vidrio o mármol que hasta el siglo XV se utilizaron en frío ya que el empleo de goma para almidonar no permitía el uso del calor. Poco después las familias europeas acomodadas utilizaban la plancha llamada “caja caliente” provista de un compartimento para carbón o un ladrillo previamente calentado.

plancha de carbón

Las familias más pobres todavía utilizaban la plancha sencilla de hierro, con mango, que se calentaba periódicamente sobre el fuego. La gran desventaja de esta plancha era que el hollín se adhería a ella y pasaba a las ropas.

plancha de hierro

La palabra misma, ‘plancha’, no apareció en castellano, con el significado que hoy le damos, hasta el siglo XVII. Fue en esa época cuando empezó a utilizarse de forma generalizada. Eran unas planchas calentadas al fuego, artilugios huecos que se llenaban de maderas ardiendo, o de brasas. Las había también macizas, que se calentaban directamente en el fogón, las llamadas planchas de lavandera, que aparecieron más tardíamente.

A aquella generación de planchas le sucedieron otros sistemas de calentamiento por medio de agua hirviendo, gas e incluso alcohol. Cuando se instaló la iluminación de gas en los hogares, en el siglo XIX, muchos inventores idearon planchas calentadas con esa forma de energía, pero la frecuencia de los escapes, explosiones e incendios aconsejó llevar las ropas arrugadas. El verdadero boom en el planchado llegó con la instalación de la electricidad en las casas.

plancha a gasolina

La idea de la aplicación de la electricidad al calentamiento de la plancha se le ocurrió al norteamericano Henry Seely quien el 6 de junio de 1882 presentó en la oficina de patentes de Nueva York los planos para construir la primera plancha eléctrica; sin embargo, no pudo ser utilizada en seguida por las amas de casa ya que en los domicilios todavía no existía la conexión a la red eléctrica, y no se había inventado aún el termostato.

plancha de Seely

La plancha de Seely se calentaba por medio de un arco voltaico (una potente chispa que saltaba entre dos barras de carbón).

En 1924, cuando la plancha ya se encontraba ampliamente divulgada, Joseph W. Myers le introdujo un termostato regulable que evitaba que se quemaran los tejidos.

Y en 1926 la compañía Eldec crea las primeras planchas de vapor para uso doméstico, con rociador de vapor, con lo que quedaba resuelto el problema del planchado. Las primeras planchas de vapor sólo tenían un orifico de salida, las que aparecieron en los años cuarenta tenían dos. Después llegaron a tener cuatro y hasta ocho. Los orificios se convirtieron en un ardid de marketing. Si ocho eran útiles, dieciséis habían de doblar el atractivo. Los agujeros, claro está, se hicieron cada vez más pequeños.

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